El intento de ataque con un dron cargado de explosivos en el aeropuerto de Leipzig ha reavivado el temor a las operaciones de sabotaje rusas, mientras los aliados reclaman más defensa aérea para Ucrania y preparan nuevas medidas contra Moscú La tensión entre Rusia y Europa ha vuelto a subir después de que Alemania atribuyera a Moscú un intento de ataque con un dron cargado de explosivos contra el aeropuerto de Leipzig, un episodio que ha llevado a la Unión Europea y a varios de sus Estados miembros a estudiar nuevas medidas de presión mientras la OTAN reclama mantener el respaldo militar a Ucrania. El incidente se produce además en un momento en el que las capitales europeas muestran una preocupación creciente por las operaciones híbridas y los sabotajes dirigidos contra infraestructuras estratégicas.
Según las autoridades alemanas, el aparato fue localizado durante el mes de agosto en las instalaciones del aeropuerto con explosivos y un detonador, sin que llegara a producirse la detonación. Leipzig tiene una importancia especial por su actividad de carga y por su papel dentro de las redes logísticas utilizadas por la OTAN, además de servir de base a grandes aviones de transporte ucranianos Antonov An-124. Berlín considera que
lo ocurrido forma parte de una estrategia de guerra híbrida destinada a generar inseguridad y debilitar el apoyo occidental a Kiev, una acusación que Rusia rechaza.
Ante el aumento de la tensión, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, anunció que Europa incrementará la presión sobre Moscú y avanzó la preparación de nuevas sanciones, aunque por el momento no se ha detallado su alcance. La responsable de la política exterior europea, Kaja Kallas, indicó que Bruselas trabaja en medidas relacionadas con el complejo militar ruso, mientras Francia ha pedido actuar contra la denominada flota fantasma empleada para sortear las restricciones sobre las exportaciones energéticas de Rusia.
Al mismo tiempo, varios países de la Unión Europea han convocado a representantes diplomáticos rusos para pedir explicaciones y Alemania ha decidido endurecer su respuesta bilateral. Berlín anunció el cierre del consulado general ruso en Bonn y el fin del acuerdo que permitía operar a la Casa Rusa de Berlín, mientras Moscú ha respondido convocando al principal diplomático alemán destinado en la capital rusa y ha prometido
reaccionar frente a lo que considera medidas hostiles.
La investigación del episodio de Leipzig avanza mientras medios alemanes han informado de la identificación de dos posibles implicados. Uno de ellos sería un hombre nacido en Rusia y con pasaporte letón al que se atribuyen posibles vínculos con los servicios de inteligencia rusos, mientras el segundo sería un ciudadano bielorruso que también dispone de pasaporte ruso. Las autoridades judiciales alemanas no habían confirmado
públicamente esos detalles en el momento de difundirse las informaciones. En paralelo a estas pesquisas, Alemania investiga otros dos posibles actos de sabotaje registrados en infraestructuras energéticas. Uno de ellos afectó a una subestación de Renania del Norte-Westfalia y provocó la desconexión de unidades de centrales de lignito con una capacidad conjunta de 4.200 megavatios, mientras otro episodio dañó líneas eléctricas en un importante nodo de alta tensión de Brandeburgo. Los investigadores mantienen abiertas distintas hipótesis y todavía no han establecido una relación definitiva entre estos incidentes y una potencia extranjera.
Mientras Berlín trata de aclarar la autoría de los distintos episodios, la cooperación entre la Unión Europea y la OTAN ocupa un lugar cada vez más relevante en la respuesta occidental. La vicesecretaria general de la Alianza Atlántica, Radmila Shekerinska, participó esta semana en Irlanda en una reunión informal del Consejo de Asuntos Exteriores de la Unión Europea con los ministros europeos de Defensa, donde defendió la necesidad de mantener la presión sobre Rusia y reforzar el apoyo a Ucrania. Durante las conversaciones, Shekerinska sostuvo que Moscú continúa sin mostrar
voluntad de poner fin a la guerra y recordó los ataques sufridos por ciudades y civiles ucranianos durante el verano. La dirigente de la OTAN puso especial énfasis en la defensa aérea, una de las necesidades más urgentes de Kiev ante los ataques rusos con misiles y drones, y pidió a los países aliados que estudien nuevas aportaciones a partir de sus propios arsenales.
Parte de ese esfuerzo se articula mediante la lista de necesidades prioritarias de Ucrania impulsada por la OTAN, conocida como PURL, a través de la cual Estados Unidos proporciona sistemas de defensa aérea e interceptores financiados con contribuciones de los aliados. Shekerinska pidió a los ministros europeos que aumenten su participación en el programa en un momento en el que la protección del espacio aéreo ucraniano
vuelve a situarse entre las principales preocupaciones militares de Kiev.
La sucesión de incidentes dentro de territorio europeo y el mantenimiento de los ataques contra Ucrania están acercando así dos debates que hasta hace poco podían abordarse por separado. Por una parte, los gobiernos europeos buscan proteger aeropuertos, redes energéticas y otras infraestructuras frente a acciones difíciles de atribuir de forma inmediata y, por otra, intentan sostener el suministro de armamento a Kiev sin reducir excesivamente sus propias reservas. Tanto la Unión Europea como la OTAN han dejado claro que el aumento de la presión sobre Rusia y el refuerzo de sus capacidades defensivas seguirán formando parte de la respuesta occidental mientras continúe la guerra