Nació en Lima un día viernes 26 de mayo de 1965, misma ciudad en la que murió a la edad de cincuenta y nueve años un martes 29 de julio de 1924.
Sus padres fueron Mariano de Osma y Ramírez de Arellano y doña Francisca Pardo y Lavalle.
Realizó sus primeros estudios en el Colegio Peruano y en el Seminario de Santo Toribio. En el año de 1881, durante la ocupación chilena de la ciudad de Lima, ingresó a la Universidad Mayor de San Marcos, donde se graduó de Bachiller en 1888 y de Doctor en Jurisprudencia en el año de 1896, recibiéndose como abogado ese mismo año.
Se casó un jueves 16 de febrero de 1893 con doña Clotilde Virginia Porras Osores, con la que tuvo cuatro vástagos que fueron bautizados con los siguientes nombres: Felipe, Raúl, Virginia y Fernando.
Cabe recordar que la esposa de Felipe de Osma era hija de Melitón Porras Díaz, hermana de Melitón F. Porras Osores, quien fue Ministro de Relaciones Exteriores del Perú en varias oportunidades y tía del insigne Historiador y Diplomático Raúl Porras Barrenechea.
Fue designado Ministro de Relaciones Exteriores del Perú por el Presidente Eduardo López de Romaña un día viernes 31 de agosto de 1900 y se desempeñó en este cargo hasta mediados del mes de septiembre de 1901.
Durante su gestión como Ministro de Relaciones Exteriores se produjeron, entre muchos otros, los siguientes acontecimientos a nivel internacional:
1900
1901
En consonancia con este objetivo, en el año 1900 el mandatario deseaba poner con Chile:
…un término definitivo al problema pendiente de Tacna y Arica, no sólo porque la no oportuna ejecución del plebiscito pactado en 1883, mantiene una situación internacional difícil, retardando la esperada reincorporación que el país unánimemente anhela, sino porque los actos últimamente practicados en esas provincias, reclaman el inmediato cumplimiento del tratado de paz, para cuya leal interpretación arribose, después de negociaciones empeñosamente seguidas desde 1892, al protocolo de 16 de abril de 1898.
No obstante, estos buenos deseos, en el año 1901 el Presidente López de Romaña expresaba:
El Perú ha propendido dilucidar dentro de los linderos de la justicia todos sus problemas de orden internacional, consiguiendo colocar la mayor parte de ellos en vías de satisfactoria solución. Desgraciadamente, el de la nacionalidad definitiva de las provincias de Tacna y Arica ha revestido, a pesar de nuestro derecho y de nuestra voluntad para resolverlo, carácter odioso, arrojando sombras de desconfianza y de inquietud. Fuera de esta grave cuestión, ninguna otra ha amenguado la cordialidad de nuestras relaciones con los demás Estados.
En lo que se refiere a las relaciones con el resto de países sudamericanos, el presidente López de Romaña informó a la nación que:
Siguiendo en el ámbito bilateral, los temas de orden económico y comercial existentes en las relaciones con Bolivia recibieron especial atención en este período. Por tratarse de un tema vinculado a los límites en la zona amazónica, el Gobierno se interesó particularmente en “…el movimiento separatista del Acre, así como los actos relativos a límites que Bolivia ha puesto en práctica en aquella región, nos impusieron el deber de cautelar los derechos de la República.
La trágica muerte de este Presidente de los Estados Unidos le dio la oportunidad a su sucesor -Theodore Roosevelt- de modificar la política exterior de su país hacia América Latina, que se había caracterizado por favorecer el arbitraje internacional como método de solución pacífica de las controversias. Como es conocido, Roosevelt impuso la doctrina o política del «gran garrote» (big stick). Esta es, en síntesis, una tendencia de la política exterior de los Estados Unidos que se expresó con fuerza a inicios del siglo XX y predomina en las relaciones internacionales de este país desde ese momento. Este lema proviene de la adaptación a la política exterior de un proverbio del África occidental que dice: “Habla suavemente y lleva un gran garrote, así llegarás lejos» (speak softly and carry a big stick,you will go far). El concepto subyacente a este popular proverbio es que se debe negociar con las contrapartes dejando ver con claridad que se está dispuesto a utilizar la fuerza en la obtención de las metas de política exterior que se persiguen. Conocida es la historia de las intervenciones armadas de los Estados Unidos siguiendo el patrón fundamental de esta tendencia, que marca, para algunos, el inicio del imperialismo estadounidense y, para otros, su actuación como potencia mundial. Al establecerse esta tendencia desaparecía momentáneamente del horizonte político del pacífico suroccidental la posibilidad de acudir al arbitraje para solucionar la amarga «cuestión del Pacífico».
En el curso de la Conferencia, específicamente el 29 de enero de 1902, los delegados de Argentina, Bolivia, República Dominicana, Guatemala, El Salvador, México, Paraguay, Perú y Uruguay convinieron en aprobar el proyecto de Tratado de Arbitraje Obligatorio, en cuyo artículo primero se decía que: «Las Altas Partes Contratantes se obligan a someter a la decisión de árbitros todas las controversias que existen o lleguen a existir entre ellas, y que no puedan resolverse por la vía diplomática, siempre que a juicio exclusivo de alguna de las Naciones interesadas, dichas controversias no afecten ni la independencia ni el honor nacionales.» Nótese que ni Estados Unidos ni Chile ni el Brasil apoyaron esta redacción. Respecto de la actitud de estos dos últimos países, Bruce sostiene que: “La delegación chilena, respaldada por Brasil, apoyaba dos opciones: El arbitraje obligatorio limitado a las cuestiones que surgieran en el futuro o el arbitraje voluntario. Al final, los delegados de la conferencia aceptaron una propuesta intermedia que avalaba el principio de arbitraje voluntario, tal como había sido plasmado en la Convención de La Haya de 1899.»
En lo que se refiere al entorno vecinal del Perú existente durante la gestión De Osma como Canciller, este se caracterizó, como señala Calderón, por una situación en la que nuestro país no solo enfrentaba la decisión de nuestro vecino del sur por “chilenizar” las provincias de Tacna y Arica, sino que:
… tuvo que hacer frente a la agudización de los litigios fronterizos con Bolivia, Brasil, Colombia y Ecuador llegándose en más de un caso a breves incidentes armados con tres de ellos. Esto hizo que el primer decenio del siglo XX fuera particularmente crítico para la existencia del Perú, amenazada como estaba la heredad nacional por todos sus flancos.
Un elemento importante para comprender el momento histórico que le toca enfrentar al Canciller De Osma, tal como menciona Ulloa, fue el impacto que tuvieron a nivel panamericano las expresiones de Abraham König, Ministro chileno en La Paz. Términos que, en palabras de Wagner, causaron la mayor alarma en el Perú y Bolivia. Efectivamente, en su nota fechada el 13 de agosto, el mencionado diplomático chileno le expresaba al gobierno boliviano, entre otros duros conceptos y desahuciando los convenios boliviano-chilenos de 1895-96, que:
Es un error muy esparcido, y que se repite diariamente en la prensa y en la calle, el afirmar que Bolivia tiene derecho de exigir un puerto en compensación de su litoral. No hay tal cosa. Chile ha ocupado el litoral y se ha apoderado de él con el mismo título con que la Alemania se anexó al Imperio la Alsacia y la Lorena, con el mismo título con que los Estados Unidos de la América del Norte han tomado a Puerto Rico. Nuestros derechos nacen de la victoria, la ley suprema de las naciones. Que el litoral es rico y que vale muchos millones, eso ya lo sabíamos. Lo guardamos porque vale, que, si nada valiera, no habría interés en su conservación. Terminada la guerra, la nación vencedora impone sus condiciones y exige el pago de los gastos ocasionados. Bolivia fue vencida, no tenía con que pagar y entregó el litoral. Esta entrega es indefinida, por tiempo indefinido; así lo dice el pacto de tregua indefinida: Fue una entrega absoluta, incondicional, perpetua. En consecuencia, Chile no debe nada, no está obligado a nada, mucho menos a la cesión de una zona de terreno y de un puerto.
El Gobierno de Bolivia se hizo cargo de contestar, el 15 de octubre de 1900, lo señalado en los dos documentos chilenos antes mencionados a través de una nota del Ministro de Relaciones Exteriores, Eliodoro Villazón, al Ministro Plenipotenciario König.
Sobre este tema, Belaúnde ha expresado que:
No podía el gobierno peruano dejar sin refutación las afirmaciones que respecto de nuestro país hacía la circular chilena y decidió pasar otra circular a las legaciones del Perú en el extranjero (sic). El Ministro Peruano Osma en esta circular, recordó las causas de la guerra, los antecedentes de la alianza, presentando las pruebas de la actitud correcta del Perú. Con la historia irrefutable de las negociaciones, después de la paz, afirmó que el Perú había hecho todos los esfuerzos posibles para inducir a Chile a cumplir el tratado de Ancón. Hizo notar las resistencias que, en todas las oportunidades, puso Chile para que se perfeccionaran los arreglos iniciados sobre la celebración del plebiscito. Levantó el cargo que se hacía al Perú de dificultar los arreglos entre Chile y Bolivia…
En la mencionada circular de noviembre del año 1900 a las legaciones del Perú en el extranjero, el Ministro De Osma responde con energía y altura las afirmaciones del Canciller chileno, expresando con claridad al finalizar este notable documento que:
En presencia de los antecedentes que dejo narrados, sería difícil explicarse de qué manera podría el gobierno de Chile, sin mengua de su propio prestigio internacional, mantener en el estado en que se halla la cuestión de Tacna y Arica y la general del Pacífico; como sostener que «causas ajenas a su voluntad yante las cuales se han estrellado sus esfuerzos», han impedido realizar el plebiscito; cómo, en fin, afirmar que el Perú y Bolivia son exclusivamente responsables de la actitud de Chile en esas cuestiones, hasta haber hecho necesaria la línea de conducta expuesta en la nota de plenipotenciario señor König, que la cancillería de Santiago tiene el propósito de mantener con indeclinable firmeza hasta llegar al desenlace final de este litigio.
En lo referido a Chile, en la memoria que como Ministro de Relaciones Exteriores dirigió al Congreso en 1901 explicaba a la representación nacional las acciones de política exterior que ejecutó durante su gestión, expresando que:
El protocolo de 16 de abril de 1898, ajustado con el objeto de celebrar el plebiscito que, conforme al tratado de paz, debe decidir sobre la nacionalidad definitiva de las provincias de Tacna y Arica, fue rechazado por la Cámara de Diputados de Chile el 14 de enero último. Excluido de este modo el arbitraje en que se convino después de estar demostrado, por la ineficacia de todas las negociaciones precedentes, que no era posible llegar a una solución directa; y negándose el gobierno de Chile a revocar las medidas implantadas en las provincias, en daño de los legítimos intereses del Perú y que han modificado la situación que esas tenían en el día en que se cumplió el plazo de la ocupación de los diez años, fue preciso retirar la legación que teníamos acreditada en Santiago, y circular a los gobiernos amigos el nuevo estado de este grave negocio.
Una de las gestiones que realizó durante su permanencia en funciones, y la que es más recordada, es el envío de una circular a los ministros de Relaciones Exteriores de los países amigos orientada a explicar los profundos y graves motivos por los cuales la Administración de López de Romaña decidió romper relaciones diplomáticas con Chile en el año 1901, situación que se prolongó hasta el año de 1905. Sobre este documento, Ulloa expresa que:
Meses después, el 26de mayo de 1901, el mismo Ministro de Relaciones Exteriores del Perú, don Felipe de Osma, suscribió una nueva circular dirigida esta vez a los Ministros de Relaciones Exteriores de todos los Estados. Por su oportunidad, por la solidez de su argumentación, por su claridad y por sus revelaciones, ese documento incorporado a la Historia Internacional del Perú con el nombre antonomástico de ‘Circular sobre la Cuestión de Tacna y Arica, ha quedado como un documento célebre.
Sobre este documento y las circunstancias de su difusión, Belaúnde afirma que:
Fácil es imaginarse el estado de espíritu de los hombres dirigentes de la política peruana el año 1901. El compromiso sobre la realización del plebiscito había sido burlado. El protocolo Billinghurst-La Torre, después de una maliciosa postergación, era devuelto al gobierno. Mientras tanto Chile desarrollaba en Tacna y Arica su plan de conquista en plena paz. Los peruanos eran oprimidos; se perseguía el brutal propósito de extinguir o atenuar todo sentimiento en que palpitara nuestra alma nacional; y por último, teníamos en el proyecto de polonización de Bolivia la prueba elocuentísima de que Chile no se detendría en ninguna consideración, y estimaba como letra muerta, no sólo las sagradas prescripciones de los pactos, sino los más elementales principios del derecho de gentes. Y por irónico contraste, la prensa y los agentes chilenos intensificaban la cínica labor de engañar a los países americanos, sosteniendo la justicia de su causa y la legitimidad de su conducta. Los sentimientos de justicia heridos con tanto ultraje y la necesidad de que América supiese la verdad en el más doloroso de los problemas de su política internacional, nos indujeron a presentar nuestra enérgica protesta ante todo el continente. El Ministro Osma, en nueva circular dirigida a las cancillerías de las diversas naciones de América, volvió a hacer la historia de nuestro diferendo con Chile, poniendo en manifiesto los propósitos y conducta de los dos países. En términos levantados y serenos, tales como la justicia que nuestra causa exigía, el Perú llevó su queja a la conciencia jurídica de los pueblos americanos.
Estos son los hechos, mi gobierno los somete al juicio imparcial de Vuestra Excelencia y declara:
Primero. Que el Perú quiere únicamente el cumplimiento de la cláusula tercera del tratado de paz.
Segundo. Que entiende que su derecho consiste, conforme a esa cláusula, en exigir:
Tercero. Que, a pesar de la firmeza del derecho del Perú, ha estado siempre dispuesto a someter a arbitraje toda la cuestión del plebiscito.
Cuarto. Que considera que la actualidad del asunto compromete el futuro de los intereses políticos del Continente; y
Quinto. Que no tiene responsabilidad alguna en el origen ni en la subsistencia de esta situación.
En la evaluación de la importancia de este histórico documento, también se debe tener en cuenta lo expresado por Ulloa:
La verdaderamente sensacional por su novedad escandalosa y por su carácter de comprobación hasta límites impensados de la política chilena respecto del Perú y de Bolivia, fueron las revelaciones de la Circular de 1901, acerca de las propuestas hechas por Chile al Perú respecto de Bolivia.
Para entender con mayor profundidad lo que afirma Ulloa es conveniente tener en cuenta lo que menciona la Circular Osma sobre Bolivia en lo que se refiere a su “polonización”:
Simultáneamente con el aplazamiento de la resolución sobre el protocolo, con la implantación del régimen de fuerza en Tacna y Arica y con los ofrecimientos que el Gobierno de la Moneda hacía al señor Chacaltana para recomendar que se sancionara ese convenio, el Enviado Extraordinario y Ministro Plenipotenciario de Chile en Lima, señor Vicuña, insinuaba, el 21 de setiembre, a su Excelencia el Presidente de la República, la idea de un conflicto internacional para operar la conquista de Bolivia. Juzgó, sin duda, el señor Vicuña que podía salvar del fracaso que tuvo ante la voluntad noble y enérgica del Jefe del Estado, exponiendo en este Ministerio, el 29 del mismo mes, que la cuestión de Tacna y Arica podía arreglarse cediendo el Perú a Chile las provincias, en cambio de la alianza ofensiva entre los dos Estados para declarar la guerra a Bolivia, cuyo territorio había de ofrecer amplias compensaciones a los gastos y esfuerzos de la empresa. Es innecesario decir que la proposición fue rechazada perentoriamente. Esto no obstante, el señor Vicuña insistió pocos días después, manifestando, cuando se le expresó que no era posible oír una palabra más en el asunto, que el Perú debía abandonar toda esperanza sobre la ejecución del plebiscito convenido en el Tratado de paz.
Debe tenerse en cuenta en la evaluación de esta gestión chilena el rol que le cupo al ex Presidente Piérola, sobre el cual Ulloa no da mayores informaciones.
Refiriéndose también al clima que imperaba en las relaciones del Perú con Chile al momento en que el Canciller De Osma dirigía el Ministerio de Relaciones Exteriores, Bruce expresa que:
De allí en adelante, las relaciones diplomáticas con Chile se deterioraron. El 15 de noviembre de 1900, el Ministro peruano en Santiago protestó por la presunta. chilenización de Tacna y Arica. Por varias semanas la nota de protesta permaneció sin respuesta y posteriormente el gobierno chileno solo avisó recibo. El 24 de diciembre de 1900, el Perú reiteró su protesta; su nota nuevamente, permaneció sin respuesta. En marzo de 1901, dos semanas después que la cámara de diputados chilena rechazara el protocolo Billinghurst-La Torre, Perú rompió relaciones diplomáticas con Chile, sin restaurarlas hasta 1905. Esta fue la primera vez que la disputa sobre Tacna y Arica había desembocado en un rompimiento de relaciones diplomáticas. La acción adoptada por el Perú resaltaba hasta qué punto las relaciones con Chile se habían deteriorado. En 1902, el gobierno chileno propuso al Perú un acuerdo final basado en la anulación del Tratado de Ancón. Las provincias ocupadas serían divididas, con Chile reteniendo Arica y el Perú recuperando Tacna. Las partes renunciarían mutuamente a la indemnización de 10 millones y Chile se adheriría a las disposiciones sobre reclamos del anterior tratado Betancourt-Errázuriz. Cuando el Perú rechazó la propuesta, Chile buscó fortalecer su posición de poder regional. En enero de 1902, el gobierno chileno finalizó una serie de acuerdos con Colombia destinados a una alianza entre Colombia, Ecuador y Chile. Pocos meses después, Argentina accedió a no intervenir en la cuestión del Pacífico a cambio de las seguridades chilenas en el sentido que no intentaría expansiones territoriales.
2.2. En la República de Bolivia
Fue nombrado como enviado extraordinario y Ministro Plenipotenciario ante la República de Bolivia por el Presidente López de Romaña inmediatamente después de dejar el cargo como Ministro de Relaciones Exteriores. Resulta interesante comprobar que este nombramiento se produjo a los pocos meses de que enviase su famosa circular en la que explica las poderosas razones que llevaron al Gobierno del Perú a romper relaciones con el de Chile en el año de 1901, situación que se prolongó, como ya está dicho, hasta el año de 1905.
Ejerció este cargo desde el viernes 26 de setiembre de 1901 hasta el sábado 5 de marzo de 1904. Dejó la ciudad de La Paz meses antes de que se suscribiera, el jueves 20 de octubre de ese año, el Tratado de Paz y Amistad que zanjó definitivamente la antigua y enojosa cuestión de límites existente desde el siglo XIX entre Bolivia y Chile.
Al respecto, se debe recordar en este punto que la documentación de la Cancillería del Perú expresa que: «De la relación de las negociaciones, que acaba de hacerse, se deduce que la cuestión de límites del Perú con Bolivia comprende dos grandes secciones: 1° La sección terrestre y 2° La sección fluvial.» Es pues, sobre estas dos secciones de la frontera común, que De Osma continuó las negociaciones con el gobierno boliviano desde su puesto en La Paz como enviado extraordinario y ministro plenipotenciario.
En ese sentido, en una nota dirigida al Ministro Boliviano en Lima y fechado el domingo 11 11de agosto de 1901, le comunicaba: “… que mi Gobierno, deseoso de poner término a tan importante asunto, en forma que consulte la conveniencia de los dos países, está dispuesto a someterlo a arbitraje.
Ya en Bolivia, De Osma avisaba con satisfacción al Gobierno del Perú que “Bolivia aceptaba el arbitraje” que él propusiera desde su cargo como Canciller de la República. Debe añadirse que, en la nota de respuesta a la propuesta peruana, el Ministro de Relaciones Exteriores de Bolivia, Federico Díez de Medina, le expresó que:
Muy grato es para mí, señor Ministro, expresarle que el gobierno de Bolivia se halla siempre dispuesto a aceptar el justiciero y conciliador medio del arbitraje para la solución de todas sus cuestiones internacionales, y así lo ha declarado abiertamente este ministerio en la memoria que tiene presentada al cuerpo legislativo que actualmente funciona. Mayormente grato es al suscrito aceptar ese medio jurídico y racional de resolver las dificultades de fronteras, tratándose de un pueblo americano, con quien Bolivia mantiene tan cordiales vínculos de fraternidad.
El texto de este Tratado de Arbitraje se encuentra publicado en la Memoria del Ministerio de Relaciones Exteriores del Perú correspondiente al año 1902. Se debe mencionar que en este convenio -el primero que se firmaba sobre este tema a nivel mundial- se convenía que “… el árbitro sea el tribunal permanente de arbitraje que se establezca en virtud de los acuerdos que adopte la conferencia panamericana que funciona actualmente en México”. También se estableció que para el caso que no llegara a constituirse este tribunal-tal como ocurrió-se recurriría al arbitraje “… del gobierno de la República Argentina, al de España o al de los Estados Unidos Mexicanos» en ese orden de prelación. Debe notarse que no se eligió ni a Brasil, ni a Chile, ni a los Estados Unidos de América.
Con fecha viernes 27 de diciembre del 1901 el Ministro De Osma entregaba a la cancillería boliviana la Nota N° 20 con la que comunicaba que: “… mi gobierno ha aprobado el tratado de arbitraje que el 21 de noviembre celebramos VE. y yo”. En su comunicación de respuesta, fechada en La Paz el martes 7 de enero de 1902, Díez de Medina informaba a De Osma que “… el Congreso de esta república ha de tomar en consideración dicho tratado en sus sesiones de agosto próximo”.
El Canciller Chacaltana, al dar cuenta al Congreso Nacional en el año 1902 del estado en que se encontraban las negociaciones sobre la fijación de las fronteras con Bolivia que estaba a cargo de De Osma en La Paz, explicaba que:
En diversas épocas se han hecho tentativas por parte del Perú y de Bolivia para resolver definitivamente sus cuestiones de fronteras; pero hasta hoy no se han podido solucionar por medio de arreglos directos. Teniendo en cuenta las grandes y hasta hoy insuperables dificultades para conciliar las pretensiones extremas de ambos países en la región oriental, se propuso por mi antecesor, al Gobierno de Bolivia, por intermedio de su representante en Lima, someter el asunto a arbitraje. El Ministro de Relaciones Exteriores de Bolivia contestó a nombre de su Gobierno, que este siempre se encontraba dispuesto a aceptar dicho recurso para resolver todas sus cuestiones internacionales, y que le era mayormente grato el aceptarlo para resolver las dificultades de fronteras con el Perú. A mérito de esta conformidad de pareceres se negoció y suscribió un tratado general de arbitraje, por el cual ambas naciones se obligan a dirimir por este medio sus controversias pendientes y todas las que surjan durante la vigencia del pacto, siempre que no puedan solucionarse por negociaciones directas. El tratado será sometido a vuestro alto acuerdo […]. Después de firmado el tratado aludido se ha entrado en la negociación de límites sobre la base del arbitraje, pero aún no se han acordado clausulas definitivas y concretas sobre los puntos esenciales. Las modificaciones producidas en el personal del gabinete boliviano no han permitido conducir las gestiones con la actividad necesaria. Nuestro plenipotenciario en Bolivia se ocupa con empeño del asunto.
Al haberse pactado con claridad en la cuestión de límites peruano-boliviano que el arbitraje se aplicaría especialmente en aquella zona en las que los negociadores no pudieran ponerse de acuerdo, mientras que los arreglos directos se utilizarían en aquella zona en la que hubiera acuerdo, De Osma se abocó a establecer con claridad cuáles eran esas zonas. Rápidamente acordó con los cancilleres Díez de Medina y Villazón, en particular con este último, que, en la zona fluvial, es decir, la amazónica, se aplicaría el arbitraje del Presidente de la Argentina y en la zona terrestre, es decir, la altiplánica, hasta la frontera con Chile se utilizaría la demarcación como metodología directa al no haber discrepancias de importancia entre ambas partes.
Es por las razones señaladas que, en lo referido a la sección terrestre, se suscribió el Tratado de Demarcación de Fronteras el martes 23 de septiembre de 1902, en donde se estableció que una comisión mixta demarcadora reconocería la totalidad de la frontera en su sección terrestre “… desde el punto de intersección entre ésta y el límite de los territorios ocupados por Chile, conforme a la cláusula tercera del Tratado de Paz de 1883, al Occidente, hasta los nevados de Palomani al Oriente’. Asimismo, se aclaró que se procedería a “… la demarcación de la línea que separa las provincias peruanas de Tacna y Arica, de la boliviana de Carangas, inmediatamente después que esa vuelva a estar bajo la soberanía del Perú». Cabe mencionar que este tratado se encuentra vigente hasta hoy.
En el balance de política exterior que realizó el Presidente López de Romaña para el año 1902 no se menciona esta misión confidencial boliviana, puesto que no había Ministro Plenipotenciario en Santiago debido a la ruptura de relaciones diplomáticas. Para comprobar este extremo citamos lo expresado por el presidente en su mensaje a la Nación:
Nuestras cuestiones de límites con las naciones vecinas se siguen discutiendo con toda tranquilidad y espíritu amistoso. En vista de las dificultades para solucionarlas por medio de arreglos directos, nuestros trabajos se dirigen a obtener el sometimiento de ellas a una decisión arbitral. […]. Objeto de las constantes preocupaciones de mí gobierno ha sido y es la solución de nuestras cuestiones pendientes con Chile, en especial la relativa a la situación actual y suerte futura de las provincias de Tacna y Arica. El estado a que llegaron las negociaciones con motivo de la desaprobación del protocolo Billinghurst-La Torre, no ha permitido continuarlas. El Perú, como se ha hecho constar en varios documentos, ha propuesto diversos medios de solución amistosa y equitativa, incluso el arbitraje, los cuales fueron desechados por Chile. Correspondía que esa nación expresara las bases sobres las cuales, en su concepto, debe descansar el arreglo; pero ellas, hasta hoy, no han sido formuladas. Encontrará en nosotros el mejor espíritu para discutirlas y la mejor voluntad para asentir a todo lo que se encuentre dentro de los límites de la justicia y delas reglas establecidas por el tratado de Ancón. El Perú sólo ha rehusado y rehusará siempre suscribir voluntariamente su propia desmembración. No puede ni debe sofocar, en esa forma, los anhelos de la nación entera, y en especial los de los peruanos de las provincias mencionadas, cuyo patriotismo y abnegación son excepcionalmente ejemplares. Mi gobierno, por lo demás, no rehuirá tomar nueva iniciativa en este asunto, si adquiere el convencimiento de que es posible llegar a soluciones satisfactorias y equitativas para ambos países, sin detrimento de la dignidad de ninguno de ellos .
Lo esencial de las bases propuesta por Aramayo al Gobierno de Chile era que Bolivia renunciaba a un puerto sobre el Pacífico y a cambio obtenía independencia comercial y la construcción de ferrocarriles que unieran ese país con el mar.
El Presidente López de Romaña, al dar cuenta en el año 1903 al congreso nacional sobre la política exterior seguida por su administración en ese año, tampoco mencionó el progreso de las referidas negociaciones boliviano-chilenas. En dicho mensaje expresó sobre Chile lo siguiente, sin mencionar las tratativas boliviano-chilenas en curso:
En este camino de adelanto en nuestras relaciones internacionales, siento deciros que continua una excepción, a pesar de nuestro derecho y de nuestra buena voluntad: La solución del problema de Tacna y Arica, o sea, el cumplimiento de lo prescrito en el Tratado de Ancón. Agotadas las iniciativas que decorosamente hemos tomado en esta materia, durante nueve años, el Gobierno de Chile no ha propuesto base alguna de arreglo después de la desaprobación del protocolo Billinghurst-La Torre; pero, en presencia de las declaraciones hechas hace poco tiempo en Santiago y Buenos Aires, acerca del cumplimiento del citado tratado, y de la promesa de esa nación, de inaugurar una política verdaderamente americana y justa; el Perú está dispuesto a atender nuevas negociaciones que le permitan poner término a la dolorosa expectativa en que se hallan sus dos provincias, tanto más preciadas y queridas, cuanto más difiere el momento de su incorporación al seno de la patria.
En una comunicación que De Osma remitió al Ministro de Relaciones Exteriores del Perú, el lunes 11 de agosto de 1902, informa que, en su mensaje a la Nación el Presidente de Bolivia, General Pando, ha revelado con relación a Chile que:
1° es necesario suscribir ahora la paz; 2° Bolivia debe renunciar a sus anteriores exigencias buscando en una cantidad de dinero la compensación por el territorio que ha cedido a Chile; y 3° de la negociación debe excluirse todo lo relativo al comercio, de manera que después de firmada la paz, no exista régimen comercial especial alguno con Chile.
En esa misma comunicación, De Osma informaba que las afirmaciones del Presidente Boliviano no debían entenderse como:
… revelación de un estado de cosas, sino como demostración del propósito que tiene este gobierno de vencer las resistencias que existen tanto en las cámaras como en la opinión pública, para una paz en que Bolivia pierda definitivamente toda esperanza a poseer una salida al Pacífico.
Semanas después, en otra comunicación dirigida al Ministerio de Relaciones Exteriores, informaba que:
Tan pronto como llegue aquí el señor Mathieu, se abrirán las negociaciones para la celebración de la paz entre Bolivia y Chile; y en ellas procurará el señor Villazón que queden arregladas todas las cuestiones con Chile. Es evidente en consecuencia, que tratarán de la delimitación, no sólo de los territorios en que estos países son vecinos, sino de la correspondiente a las provincias peruanas de Tacna y Arica y a la boliviana de Carangas. Desde luego en las negociaciones sobre límites, que sigo con este gobierno, se contemplará esta delimitación, de modo que cuando llegue el momento de la reincorporación de las provincias, podamos efectuar aquella según nuestro derecho.
No obstante, los buenos deseos que abrigaba nuestro representante en La Paz sobre la demarcación entre las provincias de Tacna y Arica y la boliviana de Carangas, lo cierto es que con la firma del Tratado de 1904 Bolivia fue totalmente en contra del solemne compromiso adquirido con el Perú en el año 1902, cuando suscribió con nuestro país el Tratado de Demarcación de Fronteras, en cuyo artículo segundo se dice a la letra:
Las altas partes contratantes convienen igualmente en proceder, conforme las estipulaciones del presente tratado, a la demarcación de la línea que separa las provincias peruanas de Tacna y Arica, de la boliviana de Carangas, inmediatamente después que esas vuelvan a estar bajo la plena soberanía del Perú.
Con la suscripción del Tratado de 1904 entre Bolivia y Chile no sólo se demarcó -contraviniendo el compromiso de 1902 antes señalado y de manera inconsulta con el Perú- «… la línea que separa las provincias peruanas de Tacna y Arica, de la boliviana de Carangas», sino que también se prefiguró la línea de frontera que el Perú y Chile pactarían en el año 1929 al haberse estipulado en el Tratado de 1904 la construcción del ferrocarril Arica a La Paz como un paliativo a la mediterraneidad de Bolivia.
Al conocer en Lima la suscripción del Tratado boliviano-chileno de 1904, el Ministro de Relaciones Exteriores del Perú, Javier Prado Ugarteche, protestó ante su homólogo chileno, Luis Vergara, en contra de este tratado. Se transcribe a continuación las partes más importantes de las notas cursadas entre ambos ministros:
“Estos pactos obligan a mi gobierno a dirigir al de V.E. la presente nota, que tiene por objeto hacer expresa protesta y reserva de los derechos del Perú, en relación con esas estipulaciones».
“… Bolivia anhelaba, desde tiempo atrás, la adquisición legítima de los territorios de Tacna y Arica, y que los recibiría sin vacilar, de quien fuese su dueño legal”.
2.3. Otras misiones diplomáticas
La extensa labor diplomática que cumplió el ex Ministro de Relaciones Exteriores como enviado extraordinario y Ministro Plenipotenciario del Perú ante varias naciones merecería un volumen con numerosas páginas. Para los efectos de esta publicación, nos basta con señalar que al concluir con éxito su misión en La Paz fue enviado como representante del Estado peruano ante el de la Argentina. En Buenos Aires estuvo por muy corto tiempo, desde el mes de marzo hasta el mes de abril del año de 1904.
Dentro de los muchos temas tratados por De Osma con relación al Arbitraje de Límites Peruano-Ecuatoriano cabe mencionar que en uno de los documentos enviados en el marco de este proceso estudió pormenorizadamente, sobre la base de documentos y crónicas de los sacerdotes jesuitas, la navegabilidad de los afluentes septentrionales del río Marañón. Es ese texto se ocupa de ríos como el Putumayo, Napo y su afluente el Curaray; el Pastaza y su tributario el Bobonaza; el Morona, el Santiago y otros menos considerables. Al respecto mencionó lo siguiente:
Las empresas, a veces malogradas, que realizaron los jesuitas para abrir estas nuevas vías, los medios de que se valieron para el establecimiento de las reducciones y los datos que aparecen en numerosas obras impresas y manuscritos que tratan de la región amazónica, son las fuentes utilizadas aquí para conocer cuáles son los lugares en que los ríos citados dejan de ser navegables por sus saltos y raudales inaccesibles. Este es el objeto del presente estudio, en el que no se consideran sino aquellos ríos, acerca de los cuales las Relaciones de los jesuitas traen datos precisos sobre el punto que interesa.
Al culminar su designación en Madrid y regresar al Perú fue elegido como Presidente del Tribunal Mayor de Cuentas, cargo que ejerció entre los años 1911 y 1915. En Lima también fue elegido vocal de la Corte Suprema de Justicia, donde se desempeñó hasta el año de 1916, cuando fue acreditado nuevamente como enviado extraordinario y Ministro Plenipotenciario en Bolivia, permaneciendo en la ciudad de La Paz entre ese año y el de 1917.
Al culminar su nombramiento en Bolivia fue trasladado a cumplir las mismas funciones ante el Gobierno del Brasil entre los años de 1917 y 1919.
Al producirse el golpe de estado dirigido por Augusto B. Leguía en contra del Presidente José Pardo y Barreda (viernes 4 de julio de 1919) renunció a su cargo Diplomático como Ministro Plenipotenciario y enviado extraordinario ante el Gobierno del Brasil, en protesta contra la ruptura del orden constitucional, y regresó a Lima.
Antes de retornar al país desde el Brasil fue aceptado como Miembro Asociado de la Sociedad Peruana de Derecho Internacional (SPDI) a partir del sábado 6 de enero del año de 1917.
Además de ejercer la presidencia de la SPDI, De Osma fue Presidente del Instituto Histórico y Presidente de la Primera Sección de Ciencias Antropológicas e Históricas del Tercer Congreso Científico Panamericano.
Conclusión
Sobre la vida, obra y acción internacional de Felipe de Osma y Pardo al servicio del Perú no se puede encontrar otro justo homenaje que el que le tributó don Alberto Ulloa en su momento. Por considerarlo de interés para los lectores, transcribo lo escrito por tan ilustre diplomático:
Felipe de Osma y los hombres que con él actuaron en ese emocionante período, no creyeron en la lírica fraternidad del continente, ni en el mandato histórico de los próceres, ni en que fuera invencible la realidad de los vínculos que unen a estos países. Tuvieron delante una América que se esforzaba en crear el equilibrio de las fuerzas, que será fatal mientras el Derecho Internacional no encuentre órganos efectivos de sanción; y se enfrentaron varonilmente a esa situación, procurando, en primer término, hacer como ya dije, de la cuestión del pacifico el eje del equilibrio americano; en segundo, crear un sistema de entendimientos cordiales que opusiera a la política chilena una fuerza internacional de resistencia llamada, en un decurso no muy largo de tiempo, a constreñir a Chile a una solución jurídica; y, en tercer término, a armar al Perú vinculando su poder material al interés de otros pueblos como Argentina .
Aquella política fue tan organizada, que el día en que se publique su documentación, gran parte de la cual lleva la firma de Felipe de Osma, descubrirá el Perú la forma abnegada, inteligente, de previsión sagaz, y de rotunda firmeza con que fueron manejados sus destinos externos durante aquellos años.
En esta tarea extraordinaria, que en otra oportunidad ha de ser analizado, corresponde un puesto de honor a Felipe de Osma. Tal vez si pocas veces trazó los rumbos; pero cuando el timón estuvo en sus manos firmes y leales, no se desvió la proa de la nave ni desfalleció un instante su mirada avizora.
Si la crisis interna de 1901 no hubiera separado a Osma de la Cancillería, los hilos de toda aquella política internacional no se hubieran enredado porque el secreto de su manejo no estaba en los copiadores de notas sino en la aptitud y en la fe de quienes las dirigían.
Como se habrá podido apreciar, la trayectoria y la labor de Felipe de Osma al servicio de la política exterior del Perú a inicios del siglo XX, tanto como ministro de Relaciones Exteriores como enviado extraordinario y ministro plenipotenciario en varios países fue fecunda, intensa y llena de aportes importantes en la defensa de los intereses nacionales del país. De esa manera dejó un ejemplo importante sobre la dedicación que merece la defensa y promoción de estos intereses, con los que el Servicio Diplomático del Perú está comprometido.
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