Introducción
Nació en Lima el 6 de octubre de 1906, hijo de don Luis Enrique Llosa Valdivia y doña Carlota González-Pavón Palma, el entonces adolescente Luis Edgardo ingresó a la Escuela Naval a los diecisiete años, en 1923. De esa manera iniciaría una brillante carrera naval, que culminó cuarenta años después, en 1963, como Presidente del Comando Conjunto de la Fuerza Armada del Perú. Pero siguió trabajando por el país.
En sus cuatro décadas como marino en actividad, Llosa Gonzales-Pavón cumplió, con suma solvencia, importantes cargos en la Armada dentro y fuera del territorio nacional, en naves de superficie y submarinos. Entre otras responsabilidades, dentro de la Marina se le confió la Jefatura de la Comandancia General de la Escuadra, de la Inspectoría General y del Estado Mayor, para culminar como Presidente del Comando Conjunto.
Estando al frente de la sección peruana de la antecesora de la Comisión Permanente del Pacífico Sur, a fines de 1955 el Presidente Manuel A. Odría solicitó los servicios del Contralmirante Llosa Gonzales-Pavón, para asumir la cartera de Relaciones Exteriores. Eran años en los que los asuntos del mar eran materia de constante atención del Gobierno, al igual que ahora, como derivación del Decreto Supremo 781, de 1 de agosto de 1947, expedido por el Presidente de la República, doctor José Luis Bustamante y Rivero, refrendado por su Canciller, doctor Enrique García Sayán, el Decreto de las 200 millas.
Antes de la primera gestión como Canciller
Desde muy joven, el Oficial Llosa Gonzales Pavón se involucró en la problemática del mar en sus aspectos jurídicos y científicos. Ello habría de incidir en la determinación del Presidente Manuel Odría de encomendarle el Ministerio de Relaciones Exteriores.
Días después de la invasión germana a Polonia, que marca el inicio de la Segunda Guerra Mundial, se congregaron en Panamá los ministros de relaciones exteriores de las américas, de fines de septiembre a comienzos de octubre de 1939. En esa primera reunión de consulta, los cancilleres adoptaron en el acta final una propuesta del presidente norteamericano Franklin D. Roosevelt, que establece una “zona de exclusión con anchura de 300 millas en torno a nuestro continente.
A propósito, tampoco hay un concepto proteccionista ni conservacionista en el cinturón de seguridad de las Américas, establecido en el artículo cuatro de la ahora in extremis Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca.
Días después, el Presidente de México, Manuel Ávila Camacho, emitía un pronunciamiento similar, sin fijar tampoco la anchura de la zona en cuestión. En octubre de 1946, lo hacía el Presidente de la República de Argentina, Juan Domingo Perón. Siguió Panamá, en diciembre de ese año. A mediados de 1947, el 23 de junio, se produjo una declaración del Presidente de Chile, Gabriel González Videla, con el establecimiento de un límite, que se fijó en 200 millas.
Como queda dicho, un mes y días después tuvo lugar nuestro mencionado Decreto Supremo 781, del 1 de agosto de 1947, con las firmas del Presidente, José Luis Bustamante y Rivero, y de su Canciller, Enrique García Sayán. En la parte considerativa se menciona como antecedentes la Declaración Truman y los subsecuentes pronunciamientos de los Presidentes de México, Argentina y Chile. Se unieron al grupo de las 200 millas Costa Rica, en 1948; El Salvador y Honduras, en 1950. El entonces comandante AP Luis Edgardo Llosa Gonzales-Pavón siguió muy de cerca esos acontecimientos.
El Comandante Llosa Gonzales-Pavón presentó en esa ocasión el principio científico del «bioma» o “ecosistema” marino. Propugnó la urgencia de defenderlo, como única manera para prevenir el exterminio de los recursos naturales del Pacífico Suroriental. Con el apoyo de eminentes científicos de varios continentes, el planteamiento de Llosa Gonzales-Pavón fue recogido en la declaración que al final de esa reunión se emitiría en Viña del Mar.
Con asidero en ese principio, y en un proyecto del Comité Interamericano de Jurisconsultos de julio de 1952, el 18 de agosto de ese año, el Perú, Ecuador y Chile proclamaron en Santiago la soberanía y jurisdicción exclusiva que a cada uno de esos tres países corresponde sobre el mar que baña sus costas, hasta una distancia mínima de 200 millas.
En la Declaración de Santiago, los tres países manifestaron que factores geológicos y biológicos condicionan la existencia, conservación y desarrollo de la fauna y flora marítimas en las aguas que bañan sus costas. Enfatizaron que la antigua extensión del mar territorial y de la zona contigua resulta insuficiente para la protección y aprovechamiento de esas riquezas.
Dos años después de la Declaración de Santiago, en la que el Perú, Chile y Ecuador proclamaron que fijaban como norma su soberanía y jurisdicción marítimas hasta una distancia mínima de 200 millas desde sus costas, representantes de esos tres países convinieron en Lima, el 4 de diciembre de 1954, algunas medidas de alcance pesquero. Dentro de las doce millas de sus costas se acordaron linderos en los extremos, desde los cuales, a ambos lados, hasta las diez millas, la presencia accidental, casual, de embarcaciones no se consideraría violación de las aguas del país vecino, pero sin generar derechos.
Cerca de un año después, en la segunda quincena de septiembre y primeros días de octubre de 1955, los tres países del sistema del pacífico suroriental se reunían en la capital chilena con delegados de los Estados Unidos. El encuentro recibió el nombre de Negociaciones de Santiago sobre Problemas de Conservación de las Pesquerías. La posición norteamericana se limitaba a la defensa de determinados stocks de peces, opuesta a la más sostenible y científica del “bioma marino”, promovida y defendida por Perú, Ecuador y Chile, que con criterio integral cubría todo el ecosistema oceánico.
Aquí en el Perú, en las coordinaciones respectivas con vistas a la adopción de esos instrumentos tripartitos de 1952 y 1954 y posteriores participaron autoridades de la Marina, el Ejército, la Fuerza Aérea y la Cancillería, entre otros entes estatales, así como de órganos técnicos y científicos, con actuación también de nuestro Poder Legislativo. No era una tarea aislada del Ministerio de Relaciones Exteriores, como a veces se comenta, ya que los expertos formaban parte de un equipo intersectorial, práctica que se mantiene hasta ahora en todo lo que incide en los altos intereses de la Nación.
Es pertinente puntualizar que el entonces Capitán de Navío AP Luis Edgardo Llosa Gonzales-Pavón fue presidente fundador del llamado Consejo de Investigaciones Hidrobiológicas, organismo científico creado en noviembre de 1954 con vistas al mejor estudio, control, preservación y aprovechamiento racional de los recursos del mar peruano. Esa importante entidad se llama ahora Instituto del Mar del Perú (IMARPE).
Más adelante, entre el 12 y 16 de diciembre de 1955 el Contralmirante Llosa Gonzales-Pavón presidiría en Quito la delegación del Perú en la tercera reunión de la que después se llamaría Comisión Permanente del Pacífico Sur. Entre otros instrumentos, el Perú, Chile y Ecuador suscribieron el denominado Reglamento de Permisos para la Explotación de las Riquezas del Pacífico Sur. Ocho días después de firmarlo, Llosa Gonzales-Pavón era nombrado Ministro de Relaciones Exteriores del Perú.
Primera gestión ministerial
Con los datos anteriores como información de fondo, debemos ahora indicar que la víspera de la navidad, el 24 de diciembre de 1955, el Contralmirante AP (desde enero de ese año) Luis Edgardo Llosa González-Pavón prestaba juramento como Canciller de la República, cargo que ejerció durante un semestre en el último tramo del gobierno del Presidente Manuel A. Odría, al juramentar, Llosa Gonzales-Pavón frisaba los cuarenta y nueve años de edad.
Hacía falta ambos reglamentos, sobre todo por discrepancia con los Estados Unidos, dado que empresas atuneras de esa potencia se resistían a que sus barcos se sometieran al régimen de las 200 millas. Como líneas atrás se anota, representantes del Perú, Ecuador y Chile se habían reunido con personeros norteamericanos, sin haber podido conciliar sus puntos de vista ni hallar solución práctica que evitara incidentes por operaciones de pesca no autorizadas en aguas de los tres países suramericanos.
Al someter ese proyecto de reglamento nacional, el Contralmirante Llosa Gonzales-Pavón ignoraba que menos de tres meses después, el 5 de enero de 1956, ya como Canciller él mismo habría de refrendar su aprobación a través de un decreto supremo expedido por el gobierno del Presidente Odría.
Más adelante, en el seno de la Cuarta Reunión Ordinaria de la Comisión de la Conferencia sobre Explotación y Conservación de las Riquezas Marítimas del Pacífico Sur, que, como ya se ha anotado, se denominó después Comisión Permanente del Pacífico Sur, efectuada en Lima, Llosa Gonzales-Pavón habría de referirse al indicado reglamento. Lo consideró como un ejemplo de cooperación internacional, con la precisión que naves de muchas empresas pesqueras extranjeras ya habían empezado a requerir en el Perú los permisos correspondientes.
Durante esa primera gestión ministerial del Contralmirante, volvió a reunirse el Consejo Interamericano de Jurisconsultos, en la agenda sobresalía el régimen marítimo y cuestiones afines. El Canciller encomendó la presidencia de nuestra delegación al Embajador Alberto Ulloa Sotomayor, con amplio conocimiento respecto a esa problemática, con quien coordinó estrechamente la posición que el Perú expondría en ese foro, realizado en México durante parte de enero y de febrero de 1956.
En las semanas siguientes, el Canciller Llosa Gonzales-Pavón siguió dedicando su preferente atención a otras reuniones sobre cuestiones del mar. En ese sentido, el Perú hizo importantes aportes dentro de la Conferencia Especializada Interamericana sobre Preservación de los Recursos Naturales: Plataforma submarina y aguas del mar, que tuvo lugar en ciudad Trujillo, hoy Santo Domingo, en marzo de 1956.
En esta última conferencia, nuestra delegación, presidida por el Dr. Edwin Letts Sánchez, expuso con claridad los fundamentos de la política marítima peruana. Dejó constancia de que respetamos la libre navegación, sin excluir a pescadores extranjeros. Se hizo la salvedad que se les sujeta a una reglamentación inspirada en la conservación de los recursos vivos del mar. Ello, con vistas a la defensa del interés vital de la alimentación de las poblaciones ribereñas y su futuro desarrollo económico.
Culminó la reunión de ciudad Trujillo sin que los países participantes aunaran posiciones en cuanto a la extensión del mar territorial, ni respecto al régimen jurídico de las áreas submarinas.
Poco tiempo después a fines de junio de 1956 el Canciller Llosa Gonzales-Pavón presidía en Lima la Cuarta Reunión de la Comisión Permanente sobre Exploración y Conservación de las Riquezas Marítimas del Pacífico Sur, como se ha señalado líneas atrás (antecesora de la Comisión Permanente del Pacífico Sur, o CPPS). Antes de ser Ministro, había participado en las tres reuniones previas.
En el marco de esta cuarta reunión, Llosa Gonzales-Pavón manifestó, entre otras cosas, que el Derecho Internacional Marítimo, como otras ramas de las ciencias jurídicas, no podía se estático, rígido ni inmutable. Por el contrario, debía ser activo, dinámico, susceptible de adaptarse a las nuevas ideas e intereses del pueblo. Enfatizó que la libertad irrestricta de actividades pesqueras podría arrasar con los recursos ictiológicos, en razón de los avances logrados en las modernas tecnologías.
Concluyó el Canciller diciendo que la pesca ya no era inminentemente de carácter doméstico, artesanal, como el pasado, con embarcaciones rudimentarias. Las grandes flotas de ahora, dotadas de equipos de última generación, y los barcos factoría podían causar hambruna y dejar sin trabajo a los habitantes de los estados costeros si es que se les permitía operar libremente, sin control alguno.
Puntualizó además el Ministro que lo anterior exigía la jurisdicción y soberanía sobre determinada extensión del mar vecino a sus costas, lo cual no significaba desconocimiento del principio de libertad de navegación ni del plazo inocente ni inofensivo a través de esa zona de todas las naves del mundo.
Entre los documentos adoptados en una cuarta reunión, se aprobó el antes mencionado Reglamento de Permisos para la explotación de las Riquezas del Pacífico Sur. En virtud de ese instrumento, ninguna persona natural o jurídica podía realizar faenas de pesca, caza o cualquier otra explotación de recursos en la zona marítima del Perú, Ecuador y Chile sin contar previamente con el permiso respectivo.
Un dato anecdótico: En víspera de esa cuarta reunión, el 22 de junio de 1956, dentro del programa atómico denominado “Ala Roja” (Red Wing) estallaba una bomba termonuclear en el atalón Enewetak, Océano Pacífico. Esa prueba se denominó “Inca”. El nombre resultaba irónico, pues cuatro días después se reunieron en Lima tres países que habían formado parte del imperio inca y en su agenda figuraba la protección del medio marino, del pacífico en particular (la Cuarta Reunión de la Comisión Permanente).
Respecto a financiamiento internacional, en febrero de 1956 el Fondo Monetario habilitó una línea de crédito al Perú hasta por 12.5 millones de dólares, unos 125 millones en la actualidad, en tanto que una suma de similar nivel fue autorizada a nuestro país por el Departamento del Tesoro de los Estados Unidos.
De otro lado, en marzo de 1956, el Canciller Llosa Gonzales-Pavón suscribió otro importante acuerdo, esta vez con un grupo de organizaciones internacionales, convertidas en Junta de Asistencia Técnica. Tales organismos fueron la ONU, la OIT, la FAO, la UNESCO, la OACI, la OMS; además de la Unión Internacional de Comunicaciones (UIT) y la Organización de Meteorológica Mundial (OMM).
Según el referido acuerdo, el Perú podía recibir apoyo de esos organismos, mediante expertos, para realizar seminarios, programas de formación profesional, preparación y ejecución de proyectos experimentales, así como concesión de becas para estudios fuera del país.
A mérito de otro acuerdo peruano-norteamericano, la potencia del norte se comprometía a exportar alimentos al Perú en su programa de “excedentes», que podían ser adquiridos en moneda nacional.
Cuando el Contralmirante tomó posesión del cargo de Ministro, el Palacio de Torre Tagle se hallaba en proceso de restauración, de modo que la mayor parte de sus oficinas estaban emplazadas en la Casa Aspíllaga, hoy Centro Cultural Inca Garcilaso de la Vega. Los asuntos de inmigración y extranjería se atendían en un inmueble en la calle Vargas Machuca, esquina con Petit Thouars, cerca del estadio nacional; y los de pasaportes peruanos, en un local ubicado en el Pasaje Olaya, a pocas cuadras de la Cancillería.
Como sabemos, las cuestiones de inmigración y extranjería, llamadas después «migraciones», y las concernientes a pasaportes dejaron de pertenecer a Relaciones Exteriores a mediados de la década de 1970, y se integraron al Ministerio del Interior; aunque la cancillería sigue prestando especial atención a tales asuntos, lo mismo que nuestras misiones en el exterior, sobre todo las consulares.
Al juramentar como Canciller, tuvo como número dos al Embajador Javier Delgado Yrigoyen, quien desde hacía diez años ejercía el cargo de Secretario General de Relaciones Exteriores, Jefe del Servicio Diplomático. El titular del área política era el Ministro Bolívar Ulloa Pasquette; el Ministro Edwin Letts Sánchez encabezaba la de organismos internacionales; el Ministro Vicente Cerro Cebrián estaba al frente de los asuntos comerciales; y el consejero Juan Miguel Bákula Patiño, regresando de nuestra Embajada en Colombia, se hallaba próximo a dirigir la Oficina de Límites y Fronteras.
El Director de la flamante Academia Diplomática era el eminente diplomático, tratadista, jurisconsulto, ex Canciller y Embajador Alberto Ulloa Sotomayor, quien venía de liderar nuestra Embajada en Chile. Fue el primer Director de la Academia, cargo que ocupó durante un año.
En esa época, 1956, los funcionarios diplomáticos en actividad, unos doscientos veinte, eran encabezados en el escalafón por el embajador Víctor Andrés Belaunde Díez-Canseco, nacido en 1883. Había entonces menos de veinte embajadores en el servicio activo, un puñado más de ministros, treinta y tantos consejeros y algo más de cincuenta primeros secretarios. Los segundos y terceros sumaban como noventa en conjunto. La estructura del escalafón era, pues, piramidal.
El Canciller Llosa Gonzales-Pavón solamente encontró en el Ministerio a seis damas diplomáticas, todas en Lima, ninguna en el exterior. Ellas eran las primeras Secretarias Rosina Vega Castro, Jefa de la Gravitante Oficina de la Clave; e Isabel Egúsquiza, Jefa de Consulares, ambas inscritas en el escalafón diez años antes, es decir, en 1946. Dos damas eran segundas secretarias y otras dos, terceras. La segunda secretaria Carmela Aguilar Ayanz estaba en la disponibilidad. Poco antes había servido en Nueva York, en nuestra Misión Permanente ante las Naciones Unidas. Ella fue la primera mujer diplomática peruana en prestar servicios fuera del Perú. En 1973 habría de ser nuestra primera embajadora.
Entre los funcionarios en retiro sobresalía don Manuel Elías Bonnemaison Torres, quien como adolescente guardiamarina había participado en todas las correrías del monitor Huáscar durante la gloriosa campaña marítima del 79, dirigida por don Miguel Grau. Tras la epopeya de Angamos fue hecho prisionero. El Canciller Llosa Gonzales-Pavón sentía especial aprecio por don Manuel Elías, marino como él y luego Diplomático. Desempeñó varios cargos en el exterior y fue Jefe de Misión en Bolivia y Japón. Falleció faltando algunos meses para cumplir los cien años, en 1961.
En esa primera gestión ministerial del Almirante Llosa Gonzales-Pavón, en la cancillería no había sub secretarías, ni direcciones generales, ni direcciones. Las unidades de mayor envergadura eran departamentos, sub divididos en secciones. Otras reparticiones eran llamadas oficinas. Los titulares de los departamentos eran ministros y también consejeros. La categoría de ministro-consejero se establecería veinte años después en el escalafón. A excepción del Secretario General de Relaciones Exteriores y del Director de la Academia Diplomática, el resto de embajadores prestaba servicios en el exterior. En ese año 1956, un buen porcentaje de misiones aún conservaba el nivel de “Legación”, a cargo de un ministro plenipotenciario.
Tras clausurar sus sesiones en Lima la precitada Cuarta Reunión de la Comisión Permanente, el Contralmirante Luis Edgardo Llosa Gonzales-Pavón fue elegido como secretario general de la misma. Por tal motivo, sus seis meses como Ministro de Relaciones Exteriores, en una primera gestión, concluyeron el 28 de junio de 1956. Fue sucedido como Canciller por el General del Ejército Félix Huamán Izquierdo, ex agregado militar en Francia y Estados Unidos.
Las percepciones internacionales del Contralmirante Llosa Gonzales-Pavón durante esos seis meses que estuvo al frente de la cancillería pueden advertirse en un discurso que pronunciara en el “Día de las Américas». Expresó que contrastando con el clima general de paz que había en América Latina, en otras regiones del mundo, en cambio, se notaba zozobra.
Al dejar la cancillería, por cierto, que el Contralmirante Llosa Gonzales-Pavón ignoraba que seis años después, en julio de 1962, volvería a ser nombrado Ministro de Relaciones Exteriores. Nadie lo sabía.
Entre sus dos gestiones ministeriales
El General Huamán estuvo un mes a cargo de Relaciones Exteriores, hasta que el 28 de Julio de 1956 prestó juramento como Presidente Constitucional de la República, por segunda vez, el doctor Manuel Prado y Ugarteche, cuyo primer Canciller en esa administración fue el abogado Manuel Cisneros Sánchez.
Poco después de concluir sus funciones como Canciller, en octubre de 1956 el Contralmirante Llosa Gonzales-Pavón presidía en Lima un Seminario Internacional con Institutos de Ciencias del Mar, auspiciado por la UNESCO. Sus funciones como Secretario General de la Comisión Permanente y Presidente del hoy IMARPE le mantuvieron muy activo en la problemática marítima. En la esfera propia de la Marina, en el período 1956-1957 el Contralmirante Llosa Gonzales-Pavón ejerció funciones como Presidente del Centro Naval.
En 1957, tras culminar su efectiva gestión como Presidente de la Comisión Permanente del Pacífico Sur, cuyos objetivos se esmeró en hacer cumplir, era nombrado Agregado Naval a la Embajada del Perú en los Estados Unidos de América. Al llegar a Washington D.C., como Agregado Naval, en 1957, don Fernando Berckemeyer Pazos se hallaba al frente de nuestra embajada, desde 1949. Ambos mantuvieron una óptima relación de trabajo y en el plano personal. En realidad, esos cordiales vínculos ya existían desde años atrás y se conservaron en el futuro.
Su puesto como Agregado Naval no fue óbice para que Llosa Gonzales-Pavón continuara en estrecho contacto con cuestiones concernientes al Derecho del Mar. Igualmente, con el equipo peruano a cargo de esos temas. En ese sentido, participó en Santiago, en octubre de1957, en la Quinta Reunión de la Comisión Permanente del Pacífico Sur.
Meses después, Llosa Gonzales-Pavón fue nombrado miembro de la delegación peruana, presidida por el Embajador Alberto Ulloa, a la primera Conferencia de las Naciones Unidas sobre Derecho del Mar, realizada en Ginebra, de febrero a abril de 1958. También fue miembro de nuestra delegación el doctor Enrique García Sayán,» el Canciller de las 200 millas».
En 1959, Llosa Gonzales-Pavón presidía la delegación del Perú a la Sexta Reunión de la Comisión Permanente del Pacífico Sur, efectuada en Quito en noviembre de ese año.
Respecto a la primera conferencia de la ONU sobre Derecho del Mar, el Contralmirante Llosa Gonzales-Pavón comentaría que esa reunión internacional se frustró debido a que fue imposible llegar a un acuerdo acerca de la anchura del mar territorial y en lo relativo a los derechos de soberanía del estado costero sobre los recursos vivos del mar adyacente.
Dentro de la Tercera Comisión de esa Conferencia, el delegado Llosa Gonzales-Pavón manifestó el 10 de marzo de 1958 que se veía «…obligado a expresar la inconformidad del Perú con el articulado que la Comisión de Derecho Internacional había presentado respecto a la pesca y a la conservación de los recursos vivos del mar. Ello, por no haber tomado en consideración el legítimo derecho del Estado costero sobre esa riqueza, por consideraciones científicas, históricas y socio-económicas”. Asimismo, “…por no satisfacer ni remotamente sus justas aspiraciones, las que no pueden estar limitadas al reconocimiento de un simple interés especial, que nada resuelve por ilusorio e impracticable”.
Siendo Agregado Naval en Washington, el Contralmirante Llosa Gonzales-Pavón realizó activas gestiones que coadyuvaron al reequipamiento de unidades y a la adquisición de buques para nuestra escuadra. En Washington también presidió la delegación del Perú ante la Junta Interamericana de Defensa, con sede en esa ciudad. Fue luego elegido Vicepresidente de la misma en 1960.
De regreso en Lima, pasó a ocupar el cargo de Inspector General de la Marina. En 1962 se le encomendó dirigir un equipo de trabajo para analizar la situación de la Marina Mercante del Perú, sin desprenderse de sus actividades oficiales y académicas.
Gracias a normas promocionales y medidas correctivas, y a ese trabajo encomendado a Llosa Gonzales-Pavón, nuestra marina mercante llegó a tener sesenta y cinco barcos, que surcaban todos los mares. El tonelaje total excedía el millón de toneladas. A nivel latinoamericano llegó a ocupar un expectante quinto lugar. A juicio del Contralmirante Llosa Gonzales-Pavón, ello armonizaba con la decidida política marítima del Perú. Lamentablemente, antes de que concluyera la pasada centuria, la marina mercante del Perú encalló y aún sigue varada.
Canciller por segunda vez
El domingo 6 de junio de 1962, en todo el Perú se realizaron comicios generales para elegir Presidente de la República, vicepresidentes, senadores y diputados. Llegaba a su fin el segundo gobierno del Presidente Manuel Prado. De acuerdo con las normas en vigor, si ninguno de los candidatos a presidente obtenía el tercio electoral, el nuevo congreso designaría un vencedor entre los tres más votados.
Los comicios habían sido muy reñidos. Y también discutidos. Luego de muchos días de espera, se supo que con un 32.9% el primer lugar era ocupado por don Víctor Raúl Haya de la Torre (APRA), seguido muy de cerca por el arquitecto Fernando Belaunde Terry (AP), con 32.2%; en tanto que la tercera posición correspondía al general Manuel A. Odría (UNO), con 28.4%. Otros postulantes se repartían el sobrante 6.5%.
El nuevo Congreso, pues, tenía que elegir a uno de esos tres candidatos. Haya y Belaunde ya habían postulado en anteriores comicios. Y Odría, en 1950, había sido candidato único y vencedor, luego de bajar al llano, tras año y medio como gobernante de facto.
El movimiento castrense fue encabezado por el General de División EP Ricardo Pérez Godoy, Presidente del Comando Conjunto de la Fuerza Armada, con la firme promesa de convocar en breve a nuevas elecciones generales, a fin de que el nuevo gobierno asumiera el 28 de Julio de 1963.
Fue así como el Vicealmirante, desde enero de ese año. Luis Edgardo Llosa González-Pavón, invitado por la recién instaurada Junta de Gobierno, juramentó como Ministro de Relaciones Exteriores ese mismo 18 de julio de 1962. Era su segundo nombramiento como Canciller. Estaba próximo a cumplir cincuenta y seis años de edad.
El núcleo del nuevo gobierno estaba constituido por el General Ricardo Pérez Godoy, con los comandantes generales del Ejército, Marina y Fuerza Aérea, General de División Nicolás Lindley López, Vicealmirante Juan Francisco Torres Mattos y Teniente General Pedro Vargas Prada, respectivamente.
Cabe recordar que, a comienzos de marzo de 1963, al llegar el General Pérez Godoy a la edad del retiro, fue relevado de la jefatura de la Junta de Gobierno, la que fue asumida por quien le seguía en jerarquía, el General Nicolás Lindley López. Este último nunca ocupó Palacio de Gobierno, Despachaba en su oficina del Ministerio de Guerra y vivía con los suyos en la casa familiar. Tampoco se puso la banda presidencial. La tuvo todo el tiempo en sus manos, antes de entregarla al arquitecto Fernando Belaunde ‘Terry, el 28 de julio de 1963, vencedor en los comicios de ese año.
No fue fácil al comienzo para el Canciller Llosa Gonzales-Pavón el desenvolvimiento de sus funciones, no por falta de capacidad ni del debido apoyo de parte de las autoridades del Ministerio. La causa era la resistencia de algunos países a aceptar a la nueva Junta de Gobierno. Estados Unidos estaba en la lista de los renuentes.
En ese sentido, varios gobiernos de la región presentaron al Consejo de la OEA una solicitud conjunta para que se convocase a una reunión de consulta de cancilleres del hemisferio, a fin de considerar la situación peruana. La propuesta no llegó a prosperar, ante elementos claramente expuestos por la Misión del Perú en la OEA, en el marco de fundamentadas instrucciones impartidas por el despacho ministerial.
El 25 de setiembre de 1962, en discurso pronunciado en Nueva York ante la XVII Asamblea General de las Naciones Unidas, el Ministro Llosa Gonzales-Pavón tuvo oportunidad de expresar en ese foro mundial, entre otras cosas, que el Perú acababa de resolver una grave crisis, «…provocada por la intención de burlar la voluntad popular, dando al país un gobierno que no hubiera sido legítimo». Agregó que se había constituido un gobierno «dentro del pleno uso de todos los derechos ciudadanos, con la exclusiva finalidad de practicar elecciones absolutamente libres, dentro de la Constitución».
Precisó además el Canciller que “…actualmente el Perú vive una etapa de completo ejercicio de los derechos humanos; de absoluta libertad de prensa y propaganda política; de respeto a las instituciones tutelares del país; de estricto cumplimiento de sus obligaciones internacionales; y de una sana y severa política fiscal, que ha traído la confianza indispensable para el buen funcionamiento del crédito interno y externo de la República.
Luego, el Ministro Llosa Gonzales-Pavón se dirigió a Washington D.C., donde el 2 y el 3 de octubre de 1962, en el marco de una reunión informal de cancilleres para tratar las relaciones cubano-soviéticas, aprovechó para reforzar en el seno de la OEA el caso del Perú, con énfasis en el respeto al postulado hemisférico del principio de no intervención, en defensa de la dignidad y soberanía continentales. Según anota en su Memoria 1962-1963, el Canciller Llosa Gonzales-Pavón asistió a esa reunión interamericana teniendo ya seguridades de “que ese postulado no sería afectado directa ni indirectamente en ella”.
Durante la segunda gestión ministerial del Vicealmirante Llosa Gonzales-Pavón, el Secretario General de Relaciones Exteriores fue el Embajador Alberto Wagner de Reyna, quien ocupó esa importante plaza, que había estado vacante durante cerca de dos años.
Como Asesor del Ministro fungía el Embajador Bolívar Ulloa Pasquette.
El Director de Asuntos Políticos era un joven embajador de cuarenta y dos años, don Javier Pérez de Cuéllar. El Embajador Edwin Letts Sánchez continuaba como Director de Organismos Internacionales, para luego ser Jefe de nuestra Representación en Ginebra.
El Embajador Vicente Cerro Cebrián, luego de ser Director de Asuntos Económicos y Comerciales, asumió nuestra Embajada en Uruguay y Misión ante la Asociación Latinoamericana de Libre Comercio. El Director de Personal era el recientemente ascendido Embajador Juan Miguel Bákula Patiño. Fronteras y Límites lo dirigía el Consejero Guillermo Lohmann Villena, en tanto que el nuevo Departamento de Asistencia Técnica estaba a cargo del Consejero José de la Puente Radbill.
Se confió al Consejero Julio Ego-Aguirre Álvarez la jefatura de la Oficina de Registro, área muy importante para el cabal procesamiento de la correspondencia; y el Departamento Jurídico fue asignado al Primer Secretario Luis Marchand Stens, apoyado por el también Primer Secretario Abraham Padilla Bendezú.
Una de esas doce colegas del género femenino era la entonces Tercera Secretaria Rosa Garibaldi Flores, promotora y editora de este libro sobre Cancilleres del Perú. Durante la segunda gestión ministerial del Contralmirante Llosa Gonzales-Pavón, ella seguía cursos de postgrado en París, luego de haber sido Vice Cónsul en Miami. Doctorada en Letras en San Marcos y en Historia en la Norteamericana Temple University, Rosita Garibaldi, casada con el recordado amigo y colega, el embajador Guillermo Mendoza Serrano, fue gestora de la norma legal que en el Perú permite el nombramiento simultáneo en el exterior de cónyuges diplomáticos, con afecto y simpatía denominada “Ley Garibaldi».
La Oficina Central de Estudios y Programas del entonces Ministerio de Hacienda y Comercio se convirtió, coincidiendo con la segunda gestión ministerial de Llosa Gonzales-Pavón, en el Instituto Nacional de Planificación. Meses después, en marzo de 1963, el Canciller instalaba la Comisión de Información Pública de la Alianza para el Progreso, de acuerdo con lo convenido en la Reunión de Punta del Este, que en agosto de 1961 había lanzado ese programa con aprobación del Perú y otros países del hemisferio.
A tono con su programa de trabajo, a fin de ampliar y robustecer vínculos internacionales y fomentar el intercambio comercial, durante este nuevo ejercicio ministerial del Vicealmirante Llosa Gonzales-Pavón, el Perú estableció contactos con la India, Egipto y Australia con vistas a la apertura de embajadas en las respectivas capitales. Poco tiempo después, el Perú ya tenía sedes diplomáticas en Nueva Delhi, El Cairo y Canberra, que habrían de ampliar sus campos de acción a países vecinos con la modalidad de embajadas “concurrentes», o “no residentes”. Quiso el destino que, en diversos momentos de mi carrera, yo prestara servicios en esas tres embajadas.
También se concentraron acuerdos similares con Filipinas, Finlandia y la República de Corea, igualmente, luego de muchos años fue restablecido el Consulado General del Perú en Hong Kong.
Cabe resaltar que, durante ese año y diez días como Canciller de la República, el Contralmirante Llosa Gonzales-Pavón, sólo se ausentó del país en dos ocasiones; primeramente, en 1962, para participar en las antes mencionadas asambleas de las Naciones Unidas, Nueva York, fines de setiembre; y de la OEA, Washington, a comienzos de octubre.
Su segundo viaje fuera del Perú tuvo lugar a la República Argentina, en mayo de 1963, entre los días 9 y 14. Con su contraparte argentina, Dr. Carlos Manuel Muñiz, el Canciller Llosa Gonzales-Pavón suscribió convenios en Buenos Aires referidos a la protección de patrimonio cultural, histórico y documental, así como un acuerdo sobre transporte aéreo.
Nuestro Jefe de Misión en Argentina, nombrado el año anterior por la Junta de Gobierno, era el embajador Pedro Ugarteche y Tizón, reconocido promotor y defensor de la Academia Diplomática del Perú, cuya dirección pasó a ocupar en 1965 al concluir su destacada labor en Buenos Aires.
A comienzos de 1963 al clausurar un curso de perfeccionamiento para funcionarios del Servicio, el Canciller Llosa Gonzales-Pavón daba a conocer estos cuatro grandes objetivos de la política exterior peruana:
“- Asegurar los derechos y respeto de la soberanía del país sobre todo el territorio nacional.
Durante esta segunda gestión del Contralmirante Llosa Gonzales-Pavón se produjo la llamada “crisis de los misiles” que a partir del 22 de octubre de 1962 y hasta fines de ese mes puso al mundo, en esa época de la guerra fría, al borde de lo que pudo haber sido una catástrofe nuclear. En el seno de la OEA, el Perú votó a favor de la unánimemente aprobada resolución sobre aplicación del TIAR, pero no ofreció que unidades de nuestra armada patrullaran el Caribe, como sí lo hicieron otros países.
En el ámbito administrativo, debe subrayarse que, durante su segunda gestión, al igual que en la primera, todos los gastos del Ministerio de Relaciones Exteriores, antes de ser aprobados por el Canciller Llosa Gonzales-Pavón debían tener el visto bueno de la Contraloría General de la República. Todos los egresos, sin excepción, hasta los más rutinarios, como la adquisición de implementos de limpieza o los servicios de mantenimiento de las máquinas de escribir. Desde el punto de vista del manejo de los recursos del estado, fueron pues impecables, irreprochables, las dos gestiones ministeriales del Almirante Luis E. Llosa Gonzales-Pavón.
Otro hecho que debe remarcarse en el área administrativa fue el afán del Canciller Llosa Gonzales-Pavón de dotar al Ministerio de Relaciones Exteriores de un local apropiado a sus necesidades, que centralizara todas las dependencias del sector, que estaban distribuidas en Torre Tagle y la colindante Casa Aspíllaga, hoy Centro Cultural Garcilaso de la Vega; y en inmuebles en Santa Beatriz (Extranjería); y en el Pasaje Olaya (Pasaportes). La intención del Vicealmirante era también preservar el Palacio de Torre Tagle, reliquia arquitectónica, convertida en predio burocrático desde 1920.
El Canciller Llosa Gonzales-Pavón y la Academia Diplomática
Precisamente durante la primera gestión ministerial del entonces Contralmirante Llosa Gonzales-Pavón tuvo lugar mi examen de ingreso a la Academia Diplomática, en el marco de un concurso público convocado en el verano de 1956.
En ese concurso, doce jóvenes ocupamos vacante para formar parte de la segunda promoción de la Academia. El desafío era atractivo, pues los ingresantes podían laborar simultáneamente en el Ministerio de Relaciones Exteriores, con la categoría administrativa de ayudantes quintos, y un salario que en 1956 equivalía a treinta dólares mensuales, unos trescientos dólares en la actualidad. Igualmente, además de estudiar en la Academia y trabajar en el Ministerio, se tenía horas extra para continuar en la Universidad .
Grande fue la sorpresa del Almirante Llosa Gonzales-Pavón cuando en julio de 1962, al asumir nuevamente el Ministerio de Relaciones Exteriores, se percatara de que a quienes habíamos sido admitidos a la Academia por concurso público durante su primera gestión, seis años antes, aún no se nos consideraba para ingresar al servicio.
Se argüía que la Ley del Servicio, la 6602, que databa de la década de 1920, no hacía mención a la Academia Diplomática. Pero ésta se encontraba contemplada en el entonces vigente Reglamento de la Ley (Decreto Supremo 310, de 22 de julio de 1953). Además, a tono con la Ley, el Reglamento exigía una prueba de ingreso al Servicio, luego de haber cursado satisfactoriamente los estudios en dicho centro de formación diplomática y eso era lo que estábamos aguardando.
Así las cosas, el 18 de julio de 1962, como queda dicho, el Vicealmirante Luis Edgardo Llosa González-Pavón juramentaba por segunda vez como canciller de la República. Al tomar conocimiento de lo ocurrido contra la Academia Diplomática, ofreció tomar cartas en el asunto, como así efectivamente lo hizo.
De esa manera, en ese mismo año 1962, el Ministro Llosa Gonzales-Pavón refrendó con su firma el Decreto Ley 14254, confirmatorio que la Academia Diplomática del Perú constituía la única vía para postular al Servicio Diplomático de la República. De inmediato, se procedió a convocar a concurso para ingreso al Servicio, únicamente entre los egresados de la Academia. Durante esa gestión del Ministro Llosa Gonzales-Pavón también se aprobó un nuevo Reglamento para la Academia Diplomática, que consolidaba normas que habían sido dictadas para perfeccionar su funcionamiento.
Días después de la promulgación del aludido Decreto Ley 14254, el Canciller Llosa Gonzales-Pavón diría en la misma Academia Diplomática que, siendo esa entidad la única vía para ingresar al servicio exterior, se eliminarían “la improvisación, el favoritismo, la amistad o el compadrazgo político».
Como señal de gratitud de nuestra alma mater y del Ministerio, y como muy justo reconocimiento, los miembros de la segunda promoción de la Academia acordamos denominarla “Vicealmirante Luis Edgardo Llosa Gonzales-Pavón», nombre que nos honra y enorgullece en grado sumo.
A partir del 28 de julio de 1963
El 28 de julio de 1963, la Junta de Gobierno hizo entrega del mando supremo de la nación al Presidente Constitucional elegido democráticamente semanas atrás, al Arquitecto Fernando Belaunde Terry.
Tras dejar la Cancillería el Contralmirante Llosa pasó a ocupar el cargo de Jefe del Comando Conjunto de la Fuerza Armada. Poco tiempo después, teniendo treinta y cinco años de servicios en la actividad, o cuarenta si se considera su etapa de cadete, el Contralmirante Luis Edgardo Llosa González-Pavón, con todos los honores, pasó al retiro dentro de la Armada Peruana, de acuerdo con la Ley de Situación Militar. Tenía cincuenta y siete años de edad.
Durante los años siguientes, el Contralmirante Llosa Gonzales-Pavón continuó muy activo en materia internacional. Fue delegado del Perú a las Conferencias Interamericanas en Río de Janeiro (1965) y Buenos Aires (1967). Dinámico miembro de la Comisión Consultiva de Relaciones Exteriores; de la Benemérita Sociedad Fundadores de la Independencia. También de la Sociedad Peruana de Derecho Internacional y del Instituto de Estudio Histórico-Marítimos, entidades ambas cuyas revistas publicaron varios artículos suyos sobre cuestiones del mar, al igual que otros medios académicos e informativos. Mantuvo enlace productivo y estrecho con la Comisión Permanente del Pacífico Sur.
Trabajó luego Llosa Gonzales-Pavón con el grupo peruano que participó en la Tercera Conferencia de las Naciones Unidas sobre Derecho del Mar, inaugurada en Ginebra en 1973. Fue muy cercano y eficaz colaborador en el seno de nuestra delegación, sucesivamente presidida por los embajadores Juan Miguel Bákula Patiño y Alfonso Arias Schreiber Pezet. En su primera gestión como Canciller, ambos eran Consejero y Segundo Secretario en el Servicio Diplomático, respectivamente. En agosto y setiembre de 1978, la presidencia de nuestra delegación se confió al Embajador Carlos Alzamora Traverso, al hallarse en París el embajador Arias Schreiber, participando en esos dos meses en el Diálogo Norte Sur.
Adoptada la Convención del Mar el 30 de abril de 1982 con ciento treinta votos a favor, Perú incluido, cuatro en contra y siete abstenciones, en diciembre del mismo año se abrió a la firma, pero nuestro país no la suscribió y se sigue manteniendo al margen. El Vicealmirante Llosa Gonzales-Pavón fue decidido partidario de la incorporación del Perú a ese instrumento internacional, considerado el más importante de la comunidad mundial, luego de la Carta de las Naciones Unidas, según criterio del Embajador Javier Pérez de Cuéllar cuando era Secretario General de la organización.
El “Club de las 200 millas”, que empezó con un puñado de países a fines de la década de 1940,consta ahora de más de ciento sesenta y cinco naciones que han ratificado la Convemar, no con un empecinado criterio territorialista, sino en función de una soberana zona económica exclusiva para la protección, uso racional y sostenible de los recursos, concepto que se halla contenido en la letra y espíritu del Decreto Supremo que lleva la firma del presidente Bustamante y Rivero y de su Canciller García Sayán.
La palabra escrita y hablada del Contralmirante Llosa fue constantemente requerida en ámbitos oficiales, académicos, empresariales, periodísticos, institucionales que deseaban nutrirse de sus experiencias, de sus amplios conocimientos sobre la problemática oceánica en sus vertientes científica, histórica, económica, jurídica, sistema del Pacífico Sur Oriental, Conferencias de las Naciones Unidas sobre Derecho del Mar.
Por los desplazamientos propios de la carrera, a veces pasaban algunos años sin que yo tuviera contacto personal con el Almirante. En nuestros encuentros, o reencuentros, solía yo reiterarle el profundo agradecimiento de mi promoción, la segunda de la Academia Diplomática, y de la institución en general, por haberle restituido el rol que le corresponde como único medio para ingresar al servicio exterior.
“La batalla de las 200 millas”, como la califica el Embajador Carlos García Bedoya en su libro sobre política exterior, o “batalla del mar”, como diría el embajador Alfonso Arias-Schreiber, que duró más de treinta años, fue ganada con la Convemar, que entró en vigencia el 16 de noviembre de 1994 tras la ratificación número 60, la de Guyana.
El Contralmirante Llosa Gonzales-Pavón había fallecido el 23 de julio del año anterior. La triste noticia la recibí en La Habana, una de mis etapas de la carrera. Permanecen sus trabajos escritos, sus intervenciones en diversos ámbitos. Nos deja ese rico legado. Son lecciones que seguirán iluminando a los estudiosos de la problemática del mar, despejando incógnitas, señalando cursos de acción. Es un valioso material, que se une al producido por otros especialistas.
Además de sus numerosos éxitos, lauros, homenajes, condecoraciones, creo que el mejor logro del Contralmirante Luis Edgardo Llosa González-Pavón fue formar una familia modelo, al lado de su entrañable esposa, la señora Victoria Dall’Orto Pestana, y de sus queridos hijos, Marta, Gabriela y Edgardo Llosa Dall’Orto.
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