Trump descarta prolongar la tregua mientras Irán amenaza con una ofensiva

La posibilidad de una salida negociada a la guerra entre Estados Unidos e Irán vuelve a alejarse esta semana después de que Washington descartara ampliar el entendimiento provisional alcanzado en junio y Teherán advirtiera de que está dispuesto a adoptar una postura militar plenamente ofensiva si fracasan las gestiones diplomáticas. El deterioro coincide con el vencimiento del plazo de 60 días que ambas partes se habían concedido para intentar cerrar un acuerdo más amplio sobre el programa nuclear iraní, las sanciones estadounidenses y el futuro de las hostilidades.


Con el margen previsto en aquel memorando ya agotado, el presidente estadounidense, Donald Trump, ha dejado claro que su Gobierno no pretende prolongarlo y volvió a situar la cuestión nuclear en el centro de sus exigencias. El presidente estadounidense sostiene
que Teherán no parece dispuesto a aceptar las condiciones que Washington considera necesarias y llega a plantear públicamente que Irán debería rendirse, una declaración que endurece todavía más el lenguaje empleado por la Casa Blanca en plena ausencia de
avances visibles.


Desde Teherán, la respuesta llega acompañada de una amenaza directa de escalada militar, ya que un alto cargo iraní asegura que el país prepara un cambio hacia una estrategia ofensiva ante el estancamiento de las negociaciones. Según la posición transmitida por ese responsable, Irán podría aumentar la tensión en el estrecho de Ormuz y recurrir a una operación militar contra el dispositivo naval estadounidense si concluye
que la vía diplomática ha dejado de ofrecer resultados.


Aunque el memorando firmado el 17 de junio aspiraba a poner fin de manera definitiva a las operaciones militares, sus compromisos comenzaron a erosionarse pocas semanas después por las diferencias sobre el control de Ormuz. Irán interpreta que el texto le reconoce capacidad para gestionar el tránsito por la zona, mientras Estados Unidos rechaza esa lectura y mantiene una presencia naval que Teherán considera un bloqueo.
Las hostilidades volvieron a ganar terreno durante julio, cuando fuerzas iraníes atacaron embarcaciones que, según sus autoridades, navegaban por rutas no autorizadas y Trump dio por terminado el pacto.


Mientras las dos potencias intercambian advertencias, Omán ha quedado atrapado en una disputa que amenaza con ampliar el radio de la crisis. Mascate y Teherán mantienen conversaciones destinadas a encontrar una fórmula para restablecer el tráfico comercial por Ormuz, una negociación ante la que Trump reaccionó con una amenaza de acción militar contra el sultanato si considera que obstaculiza los objetivos estadounidenses.

 
Omán es un socio tradicional de Washington en el Golfo y durante años ha desempeñado un papel de interlocutor en momentos de tensión con Irán. A pesar del tono cada vez más agresivo, los contactos entre las partes no parecen completamente interrumpidos, puesto que durante las últimas jornadas han trascendido gestiones indirectas entre Washington y distintos sectores del poder iraní. La Administración estadounidense ha tratado de comprobar hasta qué punto los negociadores de Teherán cuentan con el respaldo de la Guardia Revolucionaria, cuya influencia militar y económica se ha reforzado durante la guerra, mientras enviados vinculados a Trump han reconocido la existencia de conversaciones con diferentes ámbitos del aparato estatal iraní.


En el centro de la confrontación permanece el estrecho de Ormuz, cuya importancia rebasa ampliamente el terreno militar debido a su peso en el comercio mundial de energía. Antes del comienzo de la guerra, alrededor de una quinta parte del petróleo y del gas natural licuado consumidos en el mundo pasaba por esta vía marítima, por lo que cualquier interrupción prolongada tiene repercusiones inmediatas sobre los mercados. El
crudo Brent llegó a alcanzar los 126 dólares por barril durante el conflicto y cerró el lunes en 90,87 dólares, mientras el encarecimiento de los combustibles ha aumentado la presión política sobre Trump a pocos meses de las elecciones legislativas de noviembre.


Al mismo tiempo, el Gobierno iraní afronta sus propias dificultades internas después de meses de guerra, sanciones y daños sobre una economía que ya acumulaba inflación elevada, problemas energéticos y una moneda debilitada antes del inicio de los ataques estadounidenses e israelíes a finales de febrero. Dirigentes iraníes temen que una nueva ronda de presión económica pueda agravar el malestar social y elevar el coste político de prolongar el enfrentamiento, aunque públicamente Teherán sigue transmitiendo que está preparado para responder si Washington aumenta la presión.


Con Washington rechazando una prórroga, Teherán condicionando cualquier nueva negociación al cumplimiento del acuerdo anterior y Ormuz convertido de nuevo en el principal punto de fricción, las próximas decisiones de ambos gobiernos determinarán si los contactos discretos consiguen contener la escalada. Por ahora, las señales públicas avanzan en la dirección contraria y dejan a la región ante un escenario en el que la presión militar vuelve a ocupar el espacio que durante unas semanas había intentado abrir la diplomacia.