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Teherán mantiene cerrado el paso al Golfo Pérsico y el tráfico cae a mínimos

Por host-admin-admin 18 de septiembre, 2026
Teherán mantiene cerrado el paso al Golfo Pérsico y el tráfico cae a mínimos

Teherán mantiene cerrado el paso al Golfo Pérsico y el tráfico cae a mínimos

Mientras varios mediadores mantienen abierta la posibilidad de un entendimiento entre Estados Unidos e Irán, el movimiento de buques por el estrecho de Ormuz ofrece una lectura menos optimista del momento. El tráfico marítimo cayó el martes a su nivel más bajo en una semana y las navieras continúan evitando una ruta decisiva para el comercio energético mundial, con el temor a nuevos ataques imponiéndose sobre las
señales diplomáticas que llegan desde la región.

Aunque Pakistán ha asegurado que Washington y Teherán se encuentran cerca de alcanzar algún tipo de acuerdo y Catar habla de avances en las conversaciones relacionadas con Ormuz, sobre el agua sigue predominando la cautela. Los datos contabilizaron apenas ocho embarcaciones en el estrecho durante la jornada, por debajo de la media cercana a doce registrada durante los diez días anteriores y en el nivel diario
más reducido desde el 5 de agosto. 

Las cifras ofrecieron una fotografía ligeramente distinta, con once tránsitos frente a los catorce del día anterior, aunque confirmaron
igualmente el fuerte descenso de actividad. A medida que la guerra se prolonga, la comparación con el tráfico anterior al conflicto
muestra hasta qué punto Ormuz ha dejado de funcionar con normalidad. Antes del cierre iraní, entre 130 y 140 barcos atravesaban habitualmente el paso cada día, una cifra muy alejada de los movimientos registrados esta semana. De los ocho buques detectados el martes, solamente uno abandonó el estrecho mientras los siete que entraron utilizaron la ruta situada en el lado iraní.


Lejos de limitarse a Ormuz, la inseguridad marítima se ha extendido a otros puntos estratégicos de la región y ha reforzado el temor de las compañías que operan entre el golfo de Omán y el mar Rojo. Cuatro tripulantes murieron en un presunto ataque hutí contra el carguero Tihamah en Bab el Mandeb, mientras dos rescatistas yemeníes perdieron también la vida, según las autoridades. El episodio supondría las primeras muertes provocadas por ataques hutíes contra la navegación desde el inicio de la actual guerra con Irán.


Al mismo tiempo, las fuerzas estadounidenses informan de otra operación contra un carguero con bandera de Panamá que navegaba hacia el golfo de Omán. Según el Mando Central de Estados Unidos, un helicóptero de la Marina empleó misiles Hellfire para inutilizar el sistema de dirección del barco después de que este ignorara varias advertencias relacionadas con el bloqueo naval de puertos iraníes.


Mientras aumentan los incidentes, Teherán ha vinculado directamente la reapertura de Ormuz al desenlace de las negociaciones. Mohsen Rezaei, uno de los principales responsables de seguridad iraníes, afirma que el paso continuará cerrado mientras Estados Unidos no acepte las condiciones planteadas por su Gobierno, entre ellas la liberación de activos iraníes congelados y el fin de otros conflictos regionales, incluidos
los de Gaza y Líbano. La posición reduce el margen para separar una eventual negociación política de la crisis que afecta al transporte marítimo y al suministro energético.


Desde Washington tampoco han llegado señales de una desescalada clara y Donald Trump ha vuelto a combinar referencias a una negociación con amenazas de aumentar la presión militar. En una entrevista difundida esta semana, el presidente estadounidense planteó la posibilidad de prolongar la situación actual mientras la economía iraní continúa deteriorándose o, en el extremo contrario, ordenar ataques de mayor
intensidad.

Trump sostuvo además que Estados Unidos mantiene una posición favorable en el conflicto y aseguró que su país controla de hecho el estrecho de Ormuz. Esa estrategia mantiene deliberadamente abiertas dos salidas muy diferentes mientras los mediadores intentan encontrar un terreno común. Trump ha alternado desde el comienzo de la guerra las advertencias militares con repetidas previsiones de un acuerdo próximo, pero las últimas jornadas han mostrado hasta qué punto cualquier progreso diplomático puede quedar rápidamente condicionado por un ataque contra un barco, una nueva exigencia iraní o un endurecimiento del discurso estadounidense. Pakistán y Catar siguen transmitiendo que existen contactos capaces de producir avances, aunque todavía no hay señales sobre el terreno que permitan hablar de una normalización
próxima.


Mientras tanto, los mercados empiezan a incorporar otra vez la posibilidad de que el enfrentamiento se prolongue. El petróleo Brent avanzó el martes un 1,4 por ciento hasta 88,91 dólares por barril, mientras el crudo estadounidense ganó un 1,3 por ciento y cerró en 83,20 dólares. El movimiento coincidió con un retroceso de las bolsas mundiales y reflejó el renovado escepticismo sobre una salida rápida de la guerra.


Con Ormuz prácticamente vacío frente a sus niveles habituales y Bab el Mandeb expuesto de nuevo a ataques, la evolución del conflicto se juega ahora tanto en las conversaciones diplomáticas como en las rutas marítimas que conectan algunos de los mayores productores de energía del mundo con sus compradores. Cada jornada sin acuerdo aumenta la presión sobre las navieras, encarece el riesgo de operar en la zona y convierte
cualquier incidente en una amenaza para unas negociaciones que, pese a las señales transmitidas por los mediadores, todavía avanzan bajo el ruido de las armas

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