En la cumbre del 4–5 de diciembre de 2025, ambos gobiernos firmaron 16 acuerdos y reforzaron cooperación energética y ártica, sin alterar la autonomía estratégica india.
Vladímir Putin visitó India el 4 y 5 de diciembre de 2025 para la 23.ª cumbre bilateral anual, en una señal de continuidad más que de giro geopolítico. Nueva Delhi no se “alinea” con bloques: sostiene una autonomía estratégica basada en intereses nacionales y, aunque hoy EE. UU. pesa más que Rusia en su política exterior, Moscú sigue siendo útil para el multialineamiento indio y para equilibrar sus dilemas regionales, especialmente frente a China. El mensaje central del “druzhba-dosti” (amistad en ruso y en hindi) es que India no planea renunciar a Rusia pese a la presión occidental.
La agenda se concentró en comercio y energía. El intercambio bilateral está fuertemente desbalanceado y dominado por hidrocarburos: la energía representa cerca del 90% del comercio, con Rusia como proveedor relevante de crudo (el texto menciona alrededor de 26%, aunque otras estimaciones la elevan). Tras la invasión de Ucrania, las compras indias de petróleo ruso crecieron con fuerza, y frente a nuevas sanciones anunciadas por el presidente Donald Trump (21 de noviembre), India empezó a diversificar proveedores; aun así, Putin sostuvo que el suministro ruso seguiría disponible y se anticipa que empresas indias busquen mecanismos para sortear restricciones que afectan a actores como Rosneft y Lukoil.
En la cumbre se firmaron 16 acuerdos y memorandos en siete áreas: migración, salud y seguridad alimentaria, cooperación marítima (incluido el Ártico), fertilizantes, aduanas y comercio, colaboración académica y cooperación mediática. En migración, el foco fue regular flujos laborales y combatir la migración irregular, en un contexto sensible por denuncias de reclutamiento coercitivo de algunos ciudadanos indios para combatir en Ucrania, asunto por el que India ha pedido repatriaciones y freno al alistamiento.
Un eje estratégico fue el Ártico y la conectividad. Rusia invitó a India a colaborar en la Ruta del Mar del Norte, incluyendo entrenamiento de marinos para navegación polar y cooperación marítima más amplia. Para India, el Ártico es un espacio científico y geopolítico: busca acceso a investigación, minerales críticos y nuevas rutas logísticas, pero también evitar que la región quede excesivamente condicionada por China. En ese marco, se destaca la ratificación del acuerdo RELOS (apoyo logístico recíproco), que facilitaría el uso de bases y puertos rusos para repostaje y soporte, y el interés de integrar la vía ártica al Corredor Internacional Norte-Sur (INSTC), además de complementar rutas como Chennai–Vladivostok.
En defensa, el perfil fue más bajo en los anuncios, aunque la dependencia no desaparece: India ha reducido compras, pero aún necesita componentes y mantenimiento para plataformas rusas. Moscú ofreció transferencia tecnológica y coproducción (mencionando sistemas como S-400/S-500), mientras la guerra ha afectado entregas pendientes y ha reforzado la diversificación india hacia otros proveedores. Finalmente, la cooperación en medios puede generar fricciones: se subraya la participación de entidades rusas sancionadas y el lanzamiento de RT India, presentado como un proyecto para disputar narrativas frente a Occidente.
En conjunto, el texto plantea que la relación India-Rusia se sostiene porque el escenario internacional —marcado por sanciones, aranceles e incertidumbre— incentiva a India a preservar márgenes de maniobra, no a cerrarlos. Por eso, Rusia seguirá siendo una pieza funcional en la estrategia india: menos dominante que antes, pero todavía relevante para su autonomía, su energía y su equilibrio regional.
Fuente: Real Instituto Elcano



